La Manada y La Mujer revestida de Sol.

Los mamíferos cooperamos entre nosotros en forma de manada básicamente por dos motivos:

-la superioridad frente a posibles depredadores,

-el poder y la solidez de la caza en grupo.

Depredador o presa.

Nuestras reacciones frente al miedo son tres:

-huída,

-lucha,

-parálisis.

Recuerdo haberlo estudiado en 3o. de la E.S.O., conceptos tan básicos sobre el funcionamento del instinto animal que se ningunean en el juicio de “La Manada”, es aterrador. Y hasta aquí mi opinión sobre la nojusticia en este y millones de casos más sobre violencia sexual en todos los países del mundo.


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“La crueldad tiene corazón humano (…)” decía Blake en su poema “Una imagen divina“.

No son enfermos ni locos, son seres humanos desprovistos de empatía. Son depredadores, sociópatas, psicópatas, narcisistas, misóginos, violadores, asesinos… Y desgraciadamente no son cinco, ni diez, ni cincuenta, ni trescientos: son millones diseminados por Europa, Asia, América, Oceanía y Africa. Están en cada jodido rincón del planeta, paseándose impunemente con su falsa superioridad, su endiosamiento de feria y su testosterona incontrolable.

Son guardia civiles, peluqueros, músicos, médicos, profesores de yoga, productores de cine, guías espirituales, farmacéuticos, empresarios, políticos, jueces, fruteros, maestros de primaria, fisioterapeutas… Son padres, hijos, hermanos y abuelos, maridos, novios, primos y “amigos”. Son carroñeros de la sociedad, que se alimentan gracias a su fuerza física de mujeres y niños, y debilitan psicológicamente a quien no se cree fuerte y capaz de salir de sus telarañas. Controlan el sistema desde la base hasta la cumbre de la pirámide social y eso les úne frente al miedo que sienten cuando piensan que algún día el poder puede cambiar de bando, y que ya no nos rigirá el terror ni la amenaza de los que se odian tanto a sí mismos que necesitan salvajemente callar, violar, matar y torturar, pues un nuevo mundo será construido desde la perspectiva femenina.


Cuidado con las mujeres cuando de nuestras entrañas brote el grito desgarrador que pone punto y final a nuestra opresión.

Cuidado con las mujeres cuando decidamos no vagar más por el mundo bajo el manto de soledad forzada por el tirano sistema patriarcal.

Cuidado con las mujeres cuando nos atrevamos a crear desde nuestros vientres más allá de las pautas dictatoriales del privilegiado “macho alpha” humano.

Cuidado con las mujeres cuando nos demos cuenta de que juntas somos manada frente a los depredadores de nuestra femenina naturaleza.

Cuidado con las mujeres cuando por fin tomemos conciencia de que en nuestro coño y nuestra vida mandamos nosotras, y sólo nosotras.

Cuidado con las mujeres cuando las paralizadas por el miedo impuesto durante siglos de yugo dictatorial se atrevan a unirse a las que ya estaban luchando por liberarse.

Cuidado con las mujeres, porque estamos transformando nuestros instintos de supervivencia: ya no queremos huir, ya no queremos ser invisibles; queremos lo que nos han robado: nuestra dignidad.

Cuidado con las mujeres, porque en nuestro imaginario colectivo están gravados los abusos de poder ejercidos sobre nuestros cuerpos durante generaciones.

Cuidado con las mujeres, porque estamos abriendo los ojos y los oídos ante las mentiras sordas y las verdades mudas.

Cuidado con nosotras porque ya nos vendísteis, quemásteis, violásteis y asesinásteis tantas veces, que aquí estamos ahora, mirándoos de frente deseosas de revancha aplastante.

Cuidado con las mujeres, porque esto no es una amenaza, es un aviso: el caldero empieza a hervir en cada rincón del planeta.

Cuidado con nosotras, porque aunque volvamos a caer en las garras del depredador una y otra vez, ahora ya sabemos el camino de vuelta a casa.

Cuidado con La Mujer Revestida de Sol, porque ya no se somete bajo los pies del Dragón Rojo: ahora se subleva con el vientre preñado de ira y resistencia a siglos de asedio y hostigamiento.

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La Manada somos nosotras.

No estamos solas.

Elena Plaes.

Imágenes William Blake, acuarelas El Gran Dragón Rojo.

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Blessingway

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Cada vez más las mujeres sentimos el anhelo de ritualizar y sacralizar nuestras vidas.

Así de golpe puede sonar chocante, no es para nosotras, podemos sentir rechazo o miedo hacia ese tipo de palabras: ritual, sacro, espiritual… pero os voy a poner un ejemplo: no es lo mismo darse una ducha rápida antes de salir a trabajar que ritualizar nuestro aseo con un maravilloso baño con esencias, velas, incienso, espacio, tiempo y Amor hacia nosotras.

Si nos procuramos Amor, estaremos más cerca de sentirnos divinas, creadoras, especiales, únicas y conectadas con el Todo. Y justamente eso es lo que nos proporcionan los rituales. Los personales crean momentos maravilloso con nosotras mismas: tomarnos nuestro té mirando por la ventana en la mañana, un paseo nocturno ajunto al mar, vestirte a conciencia para un evento, cepillarte el pelo lentamente mientras te admiras frente al espejo…

Por otro lado están los rituales que nos proporcionan sentimiento de anexión a la comunidad y pertenencia al “clan”, desde la amistad amorosa y el respeto, el Amor tejido en el altruismo nos proporciona momentos de alegría y gozo para el otro y una misma celebrando nuestra espiritualidad, ya sea sea religiosa o no.

Hay cientos de pequeños y grandes rituales que celebramos en nuestras comunidades pero que desgraciadamente muchas veces han perdido su propósito principal: el sosiego espiritual, el nutrir esa parte no racional de nuestro ser que bebe de las fuentes de nuestros ancestros y del imaginario y la memoria colectiva que durante cientos y miles de años sirvieron a nuestra especie para sobrevivir en su desconocimiento científico del mundo pero que daba luz y paz a su psique.

Existe una maravillosa ceremonia ritual pre nacimiento/parto de los indios navajo (nativos de América del Norte) que celebra el rito de paso de la muejr a la Maternidad: el Blessingway (camino, vía, pasillo de bendición).

Un Blessingway trata de nutrir a la nueva madre que está por venir y reafirmarla y empoderarla para la experiencia del parto. En un Blessingway las dinámicas del grupo fortalecen el vínculo entre las mujeres escogidas y ésto crea una red de apoyo entre ellas que continuará hasta pasado el parto, porque puede que sus caminos se separen, pero después de compartir la vivenvia del ritual jamás olvidarán lo ocurrido allí.

En un Blessingway se cuidan los detalles al máximo. Se elige el espacio teniendo en cuenta que debe ser un lugar cómodo donde quepan bien y holgadas todas las mujeres y se decora especialmente para la ocasión aportándole un toque acorde con las preferencias de cada madre y que gire entorno a la feminidad y la maternidad. Pueden utilizarse por ejemplo imagenes, dibujos, figuras, flores, telas, inciensos, cojines…

El encuentro primero es ideal para conocerse entre todas y conectar una por una, soltar tensiones y poco a poco ir dejando el “de dónde venimos” para estar presentes “donde estamos” y poner nuestra atención plena en el tiempo que vamos a pasar juntas. Compartir alimentos cocinados entre todas o llevar comida de casa, cocinar al gusto de la anfitriona puede ser una muy buena opción.

Una vez terminado este espacio, se da paso a las dinámicas grupales que serán el núcleo de la ceremonia, donde sin duda fluirán las emociones y habrá un gran intercambio de vivencias. Al finalizar, podemos compartir infusiones y alimentos para volver a ponernos con el lugar en el que estamos y despedirnos con el recerdo eterno de haber formado parte de un tramo del camino de cada una.

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Os invito a regalaros o regalar el formar parte de un Blesssingway, os prometo que no os dejará indiferente.

¡¡Abrazos!!

 

 

Amor

La presión en el pecho la ahogaba,
pero como una gran desgracia
el aire seguía llegando a sus pulmones.
Ceñida en éxtasis y abrazada por un gran respandor
dilataba sus brazos al viento
y como un gran jazmín propagaba su perfume alrededor.

Loca, loca, loca…
Se sentía loca y libre
por sentirse amada bajo un simple rayo de Sol.

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El Miedo

¿Y si un día se te abre una puerta? Una ventana, una rendija aunque sea…¿y si te digo que un día, si lo buscas deseosamente, lo encuentras?

Cuando logras vencer el miedo suele ocurrir éso muchas veces, que simplemente estás en el lugar y en el momento adecuados, completamente abierta en canal para recibir una experiencia de Amor, de Fe, energética, divina, de sincronicidad, de felicidad, gozo y placer, Magia… Llámale cómo quieras, hazte dueña de tu propio credo, date tu propia explicación o mejor aún, no te la des y simplemente vive la experiencia. Cuando estás en ese lugar y momento adecuado, simplemente eres.
Y cuando eres, lo sabes, te sabes parte del todo, lo sientes, se percibe alrededor, en la luz, las formas y además te vibra el cuerpo, se te eriza la piel, sientes que creces: a lo largo, a lo ancho, a lo grande y te expandes, y sólo sabes dar gracias por el regalo de la experiencia de la felicidad suprema porque comprendes sin juicios.
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Hay algo que nos resuena dentro, desde niñas y que muchas veces optamos por abandonar, con suerte por un tiempo, a veces se nos olvida hasta el último día pero ahí, siempre vuelve.
Somos especiales, es ese algo de que somos algo más, y aunque a veces anhelamos la tranquilidad de cuando no estábamos buscando: “¡A la mierda la espiritualidad, yo era más feliz en la ignorancia!”, lo que en realidad sucede es que seguimos acercándonos a ello con miedo.
Cuando nos encerramos, ya sea física o psicológicamente, cuando decidimos no salir de casa, no “mezclarnos” con el resto, no vivir el intercambio en las relaciones, no amar, no estar, lo que tenemos es miedo al gozo, a las buenas experiencias, pues ya no tendremos excusas tras las que escondernos. Tenemos miedo a vivir. Al pasar por sucesos traumáticos o situaciones de violencia, nos sentimos morir un poco, en el sufrir hay un pequeña experiencia asociada a la Muerte, que a la vez nos acerca a una extraña sensación de apertura, de transformación, pero el dolor y la aflicción hace que perdamos la Fe en el resto, perdemos las ganas de intentarlo de nuevo, nos sabemos vulnerables y entramos en la rueda destructiva.
La introspección es buena. La catarsis, parar un tiempo, ir a la cueva a lamernos las heridas, hacer un retiro de meditación, pedirte la baja y quedarte en casa (vuelve a llamarlo como quieras), reposar, sanarnos, bajar a las profundidades de una misma… pero si nos quedamos pendulando ahí por mucho, empezamos a marchitarnos, nos perdemos la Vida, la dejamos escurrir entre los dedos, entre las grietas del tiempo que parece avanzar más rápido en ese estado, día a día, Sol a Sol, Luna a Luna.
Entonces la espiral de la Vida se vueve asfixiante y no nos expande sino que nos ahoga: no salgo, no voy, no puedo, no me atrevo, ¿y si me hacen daño?, ¿y si lo hago mal? ¿y si no me gusta? Y entonces hay una presión que nos ahoga, en el pecho, en la garganta, en el corazón… Ansiedad por darse cuenta de que no podemos controlar los sucesos de la Vida y sólo hay algo que podamos hacer, aceptar la experiencia de vivir.
Bueno, hay dos: la reclusión total, pero… ¿estás dispuesta a ello?
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No todas llegan a sentirlo, pero sí todas lo buscamos, y en esa búsqueda siempre, siempre, suceden cosas maravillosas. Tenemos más capacidades de las que utilizamos, nos negamos las cosas más simples porque, bueno, creemos que no nos lo merecemos (ya no importa si alguien te lo dijo durante veinte años cien veces al día, lo que importa es que te lo creíste y ahora es responsabilidad tuya). “Me gustaría pintar, bailar, cantar bien alto, jugar al ajedrez, coser, bañarme de noche en el mar…” Nos negamos el atrevernos porque sabemos en el fondo, que hay algo maravilloso aguardando y eso, también da miedo: ¿qué soy merecedora de algo maravilloso? ¿Yo?
Nos negamos la intuición, las sincronicidades, los maravillosos regalos del Universo, las experiencias místicas (vuelve a llamarle cómo quieras, para mí, todas son los mismo), negamos las experiencias de las cuales las explicaciones no están a nuestro alcance porque tenemos miedo a descubrir algo tan grande y sencillo como que la llave para abrir esa puerta, ventana o rendija, está en nuestro interior.
Por eso los partos son tan duros (entre otras cosas que no entraremos a debatir ahora, pero por ésto también), porque cuesta entregarse sin medida, porque no estamos acostumbradas a confiar en un entorno que nos ha sido hostil desde la infancia… En un parto se nos abren los Mundos, creemos morir porque no estamos acostumbradas a los trances, a la apertura energética, nos venimos negando la experiencia del gozo, hemos sido reprimidas durante siglos. Y en realidad sí morimos, debemos morir para transformarnos en otra mujer, en la mujer que vendrá de vuelta del gran viaje con una nueva Alma entre sus brazos y habiendo pasado por una completa metamorfosis pero, “¿qué dirán si me muevo?, ¿qué pensarán si chillo?, ¿y si canto?, ¿si río o lloro? ¿qué pensarán si dejo salir el alarido que me está partiendo el Alma?” Todo eso pasa por nuestras cabezas durante un parto, y muchas más cosas, la soledad, la vergüenza del propio cuerpo, la negación de nuestras capacidades… No nos dejan ser y nos nos dejamos ser.
¿Cómo son tus orgasmos? Sé honesta contigo, la respuesta es para tí, haz conexiones y contéstate a tí misma
Sí somos, sí sabemos. Sí, sólo que hace falta traspasar el umbral del miedo, el que nos niega el extásis de amarnos a nosotras mismas sin medida y dar gracias esa Fuente maravillosa suprema de prácticas de Conocimiento.
Los animales son, ni se lo plantean. Tienen hambre, comen; tienen sed, beben; tienen que parir, paren; tienen que morir, mueren. Y se entregan a cada experiencia.
Sí, porque nos negamos a morir, y no, no se trata de una apología de la Muerte, sino de aceptarla como condición para disfrutar del regalo de la Vida. Ahí residen todos nuestros miedos, el miedo al vacío, el miedo a no saber qué, el miedo, el miedo, el miedo… El miedo a la Muerte, el que los engloba a todos porque arrastramos la creencia del Tiempo linial, del principio y el fin.
Abrirse a la espiritualidad, es abrirse a caminos más amplios, a la tranquilidad del Alma, al sosiego, a templar nuestro corazón cuando sienta frío, a sentirse amado por derecho, no por necesidad ni por soberbia.
No podemos apresurar la Vida de la misma manera en que no podemos detenerla o retrasarla, sólo podemos fluir con Ella. Aceptar el PANTA REI.

Busca la Magia, el gozo, el placer, a Dios,
la Pachamama, el éxtasis, la vibración, las buenas energías…
Busca, busca, busca..
Y encuentra lo que para tí sea.
No vuelvas a dormirte…
Todo se transforma, todo fluye;
que nada te turbe, regresa a tí siempre, a tu hogar interior;
experimienta, aprende, observa
y haz con todo una gran bola de Luz que te acompañe
y te haga sonreír en cada brisa que te erice la piel.
Escucha los susurros de otras vidas.
Descubre las Almas reencontradas…

Somos eternas, ésa es la llave.