Cicatrices femeninas

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Lo que nos pasa a cualquiera de nosotras, afecta a todas las demás.
El dolor que callamos se vuelve violencia hacia nosotras mismas y el resto, porque lo que callamos las mujeres nos empequeñece, enseña al resto a callar y a pensar que eso es así, que forma parte de un castigo divino porque así nos lo han contado durante siglos y aquéllas que se rebelaron en diferentes momentos de la Historia, fueron silenciadas, quemadas, mutiladas, asesinadas, encerradas y, de un tiempo a esta parte, medicadas.
Romper el silencio es responsabilidad de todas. Es un deber social hablar de nuestros abusos, violaciones, de nuestros hijos muertos, de la violencia obstétrica, de ablaciones, de episiotomías,de cesáreas innecesáreas, de fórceps, Kristellers, violencia doméstica, laboral, control religioso, patriarcal… Hay que hablar de la violencia dirigida hacia nosotras por haber nacido féminas; hay que llamar a las cosas por su nombre, hay que educar a nuestras criaturas para que decidan sobre sus cuerpos, para que afronten sus sufrimientos, apoyadas entre sí, para que encuentren calor y empatía, no juicio ni culpa.
Nuestras cicatrices femeninas se cierran y se vuelven a abrir, físicas y emocionales arden, duelen, sangran… para quedarse dormidas y olvidadas hasta que vuelven a sangrar, doler y arder, te atacan mentalmente, te persiguen en noches oscuras eternas, brotan no sabes cuándo con no sabes qué, y todo porque no han sanado.
No hay que callar para no olvidar, no hay que callar para ser dueñas de nosotras mismas. NUNCA. Y si callaste, bienvenida; no te culpes, la culpa no es para nosotras, para nosotras es el orgullo de haber sobrevivido a acciones violentas e irrespetuosas hacia nuestra esencia, para nosotras es la supervivencia.
Llora. Llora para abrir la impenetrable guarida de lo callado, llora y comparte el secreto que te mata poco a poco, llora y que te abracen y te sostengan, llora para darte cuenta de que nada tienes que ver con lo que ocurrió, llora y acepta que la vergüenza y la culpa no deberían ser tu carga.
Enséñanos tu cicatriz, conmuévenos y sánate. Instrúyenos con tu experiencia para que seamos tierra fértil de linaje femenino.
Bienvenida al Clan.

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“Lo malo de las historias secretas rodeadas por un halo de vergüenza es que apartan a la mujer de su naturaleza instintiva, que en general es algo gozoso y libre.(…)” Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con lobos.

Imágenes: Umami Fotografia

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Rocío y Sara

Y entonces te ví, y se me olvidó todo, el resto no importaba.
Tu piel estaba roja, ardiente, tu pelo brillaba con luz propia, tu cara, era otra, era atracción pura. Tus movimientos hacían que el mundo parase, a cada contracción se reafirmaban mis instintos. Ni por un segundo pensé que aquello no iba a ir bien.
Veía a Sara moverse y provocar las olas, y a tí acompañarla de la mejor manera posible, como sólo tú sabías.
Apoyada en tu compañero de viaje, sostenida por él, no me sentía con derecho a tocarte, sólo a observar, sólo podía aprender.
Sólo me atreví a sugerirte movimiento, en realidad quería saber si soportarías el simple hecho de estar de pie, y confirmaste que las olas cada vez eran más fuertes, tan fuertes que te rompían al llegar y que, sin duda, el gran momento estaba a escasos minutos.
Fue realmente maravilloso.
Sara se asomó y tú sentiste que te partías por la mitad.
Y te partiste, como ya hiciste antes una vez, te partiste para compartirte como una nueva mujer madre con ese nuevo ser que salía de tus entrañas.
Y entonces nació Ella, y me apenas me atrevía mirarla de reojo, pues sentía que Ella era tuya, vuestra, era sagrada.
Salí seria, aturdida, no impactada sino maravillada por la absoluta perfección de lo que acababa de presenciar. Sentía que cualquier cosa que saliera por mi boca no estaría a la altura.
Y entonces llegó Él, que hasta ese momento dormía, me vio y dijo: “¿Dónde están?”, no estaba asustado, se sintió seguro al verme y eso acabó por redondear la escena, lo alcé y le dije: “Precioso, Sara ha nacido, ¿quieres conocerla?”
Fuimos a la habitación, miré y vi que aún era tu momento, le propuse esperar mientras ayudaban a mami, y tendimos ropa juntos…
Cuando al fin os vi a los cuatro juntos no pude sentir más que un amor enorme en la sala, tan grande que me superaba, tan lleno de energía que hasta la luz era la más cálida que podía recordar.
Gracias Rocío, muchas gracias por la vivencia y el recuerdo eterno de lo que somos: una auténtica fuerza de la Naturaleza.

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La llamada

Lo más poderoso que vas a hacer en la Vida va a ser parir.
Si consigues mirarte a los ojos en tu propio reflejo para después cerrarlos y comenzar a bailar con tu Sombra, rebuscar en tu historia y resistir firme, vas a parirte a tí misma.
Un día, vas a parirte a tí misma.
De repente algo te atravesará hasta estremecerte y erizará tu piel hasta que duela, y a partir de entonces, ya no podrás mirar hacia otro lado.
Demasiado tiempo dormida, demasiado tiempo perdida, demasiado tiempo sola.
Un día vas a ponerte de parto y un parto Mujer, es imparable. Un parto es como estar en medio de una poderosa tormenta eléctrica, majestuosa, amenazante, oscura… y a la vez llena de luz cegadora, de energía concentrada en un sólo momento y en un sólo lugar.
Vas a notar que tus sentidos se agudizan y una maldita necesidad de sacudirte. No vas a poder dejar de moverte, de mover tus caderas, estirar tu columna, sacudirte y retorcerte, llorar y reír a la vez, gritar, cantar… En un parto todo vale, todo lo que tú necesites vale: ¡que no te acallen, que no te detengan!
Somos manada y en el viaje encontrarás a más, algunas perdidas, otras de parto a las que tal vez en ese momento no comprendas, y algunas recién paridas, con esa luz, con ese poder…
Somos manada y aprenderemos a cuidarnos, alimentarnos y darnos calor las unas a las otras.
En algún momento de la Vida deberás elegir entre la amargura y el amor hacia tí misma y justo ahí empezarás a gestarte. Buscarás y buscarás , probarás cosas que jamás te atreviste a probar, cada célula de tí se transformará mientras tejas consciente la vivencia de tu propia gestación. Olfatearás, agudizarás tu instinto, sentirás más intensamente y tu sentido del gusto cambiará por completo.
Posarás las manos en tu Útero, olvidado, pervertido con desprecio de siglos y que empezará a latir al compás de la nueva Vida que estarás creando y tu parto será húmedo y cálido, sin más desgarros ni cicatrices porque éste parto es la cura para amarte criatura.
Dadora de Vida es tu Naturaleza, te lo debes por todo lo que sufriste y sufrieron antes de tí, escucha La Llamada, prepárate, acepta el desafío y Date a Luz. Luego explícalo, compártelo, cuéntalo, escríbelo, cántalo, báilalo, que nos llegue a todas y que todas nos nutramos de tí.
Un día Mujer, vas a parirte a tí misma.

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Foto: Stefan Steinbauer