La silla vacía

0xeqj06wgro-steve-halama
Imagen Vía Unsplash/ Sthephe Halama
El duelo en Navidad, ¿es más duro? Es más notable, sin duda.
Seamos o no creyentes, a modo de tradición cultural, son fechas para el reencuentro, para compartir momentos. Los estímulos externos nos invitan a la alegría, a entrar en contacto para los que sí están, pero vivimos una nostalgia interna o a veces incluso, si el duelo es reciente, nos vemos inmersxs en la tormenta, rodeadxs de oscuridad y, a la vez, de luces navideñas.
Hay múltiples reacciones, pero las más extremas suelen ser el “aquí no ha pasado nada y no vamos a joder la fiesta”, o el “quién quiera estar conmigo que se coma una tortilla francesa en Nochebuena porque no pienso hacer nada especial”. Todas son válidas en un duelo, ya que hay que respetar el proceso, y siempre y cuando la persona afectada esté apoyada y acompañada emocionalmente, dejar que se exprese libremente; es decir, reprimir a quien que está sufriendo en pos de un supuesto bien colectivo o empujarlx al abismo del dolor porque es lo que tú crees que debe ser, no es precisamente respetar sus tiempos.
El duelo es un sufrimiento útil, como lo son las contracciones de un parto, es un dolor productivo que nos hace crecer, avanzar, ser más conscientes, e incluso “limpiar la paja del propio ojo”.

4bmtk20z6yo-chris-lawton
Imagen Vía Unsplash/ Chris Lawton
Ante el duelo por la muerte de un ser querido, unx sin duda crece; cuando llega ESE duelo nos sentimos como pasando de un mundo a otro incluso durante la fase más temprana, la del embotamiento o shock, esa en la que tenemos sensación de corcho en los miembros o incluso letargo o entumecimiento a nivel psicológico; incluso ahí es importante la transformación que causa el paso de la Muerte por nuestras vidas y hay que tratar de vivirlo lo más conscientemente posible.
Algo verdaderamente sanador para un buen duelo, es la gran importancia de los rituales; ya sean a nivel personal o en grupo, los rituales DEBEN llevarse a cabo (no hay que olvidar que el culto a los muertos es el gran paso de nuestra especie en la evolución). El velatorio o el funeral son los primeros lugares en los que se realizan los duelos de un modo colectivo, y ya seamos lxs más allegadxs a la persona fallecida (familiares directxs) , como amigxs o afectadxs más lejanxs, lo importante es observar y respetar las muestras de dolor y su manera de sanar.
Abandonarse al dolor en una primera fase puede ser positivo y realizar rituales personales como podrían ser un paseo junto al mar en soledad, visitar un lugar significativo, escuchar una música anteriormente compartida o simplemente darse una ducha o un baño dejándose llevar por las emociones, pueden ayudar a salir del shock para continuar con la lluvia de acontecimientos de las primeras horas. Es importante pero, no abandonarse del todo, o por lo menos dejarse sostener, ya que el trance de los primeros días tiene una mejor evolución si se hace caso a lo que uno realmente necesita sean cuales sean las fechas, como acudir en peregrinación al velatorio o funeral, dejarse abrazar o acariciar, mirar a los ojos… despedir en comunidad.
Atravesar fechas así en la etapa de la negociación, la ira o la tristeza, es más complicado que en la fase primera (el aturdimiento lo cubre todo con una espesa capa que nos hace actuar casi de manera autómata) o que, obviamente, la de la aceptación. Ésta es la etapa en la cual necesitamos o necesitarán de nosotrxs más paciencia y empatía, ya que es una etapa de ansiedad y desesperación, con pensamientos recurrentes, insomnio, pérdida de apetito… que sin duda se ve afectada por el entorno navideño.
Para que esta etapa no se enquiste y desemboque en un duelo crónico o patológico, no debemos aislarnos o dejar que nuestro ser querido se aísle por completo. Hay que seleccionar y acudir en busca de la energía que necesitamos, la que nos respeta, la que nos cuida; se trata de celebrar el presente a pesar del dolor compartido. Para acompañar un duelo en cualquier fase hay, sobretodo, que evitar las frases hechas, ante la sensación de “no sé qué decir”, mejor siempre un abrazo silencioso y sincero.
recuerdo.
Hay que desterrarSi las fechas navideñas nos pillan en proceso de aceptación y/o adaptación, mantener contactos que nos acerquen al ser querido que se fue cultivando su recuerdo o ser símbolos de esperanza para otrxs que aún estén en fases previas, será sanador.

Finalmente, con el tiempo la persona que se fue volverá a tener su lugar en la mesa, tendrá un brindis entre sonrisas y lágrimas, una vela encendida, un lugar inmortal en el recuerdo.
Hay que desterrar el sentimiento de culpa frente a la celebración ya que graduar los recuerdos a través del amor y la serenidad es la manera sana para poder asimilar la ausencia. Poco a poco, paso a paso.

Finalmente, con el tiempo la persona que se fue volverá a tener su lugar en la mesa, tendrá un brindis entre sonrisas y lágrimas, una vela encendida, un lugar inmortal en el sentimiento de culpa frente a la celebración ya que graduar los recuerdos a través del amor y la serenidad es la manera sana para poder asimilar la ausencia. Poco a poco, paso a paso.

orglz7cjfic-chelsea-francis
Imagen Vía Unsplash/ Chelsea Francis
Hay quién se preguntará qué ocurre con lxs niñxs en estas situaciones, bajo mi manera de entender, unx niñx es una persona, un miembro más del clan, y el proceso del duelo debe ser explicado, vivido y compartido de la misma manera que con unx adultx. Obviamente habrán edades en las que sobren las explicaciones o que éstas deban ser muy básicas, pero lo más sano es hacerlx partícipe y conocedorx de la situación.

Vivir implica la posibilidad de la muerte SIEMPRE, el problema reside en la concepción Occidental del tiempo como algo lineal y seguro y no cíclico y cambiante, como es observable en todos los aspectos de la Naturaleza. Si bien es cierto que el ciclo biológico de la Vida (nacimiento, juventud, adultez, vejez…) se nos antoja lineal, no hay que olvidar que, en realidad, la Vida en sí es una sucesión de pérdidas y giros inesperados y la Muerte es, simplemente, inevitable e irremediable.
El propio nacimiento implica una separación/duelo para el bebé y la madre, también los duelos del propio crecimiento como esa sensación de nostalgia en torno a los 7-9 años en la que empiezas a abandonar el mundo de la infancia para entrar en el de los adultos (descubrir “verdades” como los Reyes Magos por ejemplo), la necesidad de emigrar y el sentimiento de vacío o de ruptura con las raíces, los robos materiales, los abusos y la pérdida de la inocencia, los desastres naturales, los divorcios, o incluso el envejecimiento y su duelo por la salud y la juventud pasadas…
Vivimos ocultando duelos y arrastrando penas, negando así nuestra capacidad de resilencia (la capacidad de adaptarnos y superar las dificultades traumáticas de la Vida); negando también nuestros instintos y las sincronicidades en momentos de crecimiento espiritual, y todo ésto al final nos pasa factura frente a la Muerte.

Los duelos pueden reactivarse durante el resto de nuestras vidas; a veces inconscientemente, otras más conscientes, entramos en una espiral de fechas que nuestro cuerpo recuerda y pueden llevarnos de nuevo a la primera casilla, por eso seguirá siempre siendo importante que tejamos una red de soporte emocional, nos procuremos una buena tribu o hagamos actividades terapéuticas que nos ayuden a canalizar, como por ejemplo utilizar el arte en sus múltiples disciplinas como compañero de viaje hacia una vida plena y gozosa.

Se fue, pero quedan los años vividos, los abrazos, las caricias… Quedan los recuerdos inmortales que poco a poco secarán las lágrimas para plantarnos una cálida sonrisa en los labios, mientras entornamos los ojos y respiramos profundamente.
Una vida nunca es en balde si el recuerdo permanece en apenas unx de nosotrxs.

Así la Muerte nos hace latir con el Universo,
en sincronía con el Ahora.
No te niegues,
ríndete a lo que no tiene explicación del misterio del Mundo.
Abraza la Muerte y deja que te acompañe
hasta elevar el espíritu
y sanar el Alma.

Para tí, que hace un año te fuiste un 24 de Diciembre.

Para nosotros, que te recordaremos siempre.

Anuncios

2 comentarios en “La silla vacía

  1. Hola solo quiero decir que me ha emocionado muchísimo este postre.
    Hoy 23 de diciembre a la 1.25 de la mañana que no puedo dormir y te veo y te leo a ti. Mi hijo HUGO nació un 28 de diciembre del 2008 ( que fecha más bonita e e e e e , y por culpa de enfermedad rara.., se fue el 07 de abril del 2010. Así que cuando te leído me has emocionado y llegado al corazón. Gracias X hacer llegar a todo estas palabras que parece que las haya puesto yo. Gracias y feliz año aunque no estés siempre estarás en mi corazón y en mi pensar te quiero Hugo.

    Me gusta

    • Hola Marta María, agradecerte de corazón tus palabras lo primero, y decirte que me alegra de veras que pueda mandar algo de alivio a través de este puñado de letras.
      Te mando mucho amor para tí y mucha Luz para tu pequeño Hugo.
      Un abrazo mujer fuerte.
      Elena.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s