Amor

La presión en el pecho la ahogaba,
pero como una gran desgracia
el aire seguía llegando a sus pulmones.
Ceñida en éxtasis y abrazada por un gran respandor
dilataba sus brazos al viento
y como un gran jazmín propagaba su perfume alrededor.

Loca, loca, loca…
Se sentía loca y libre
por sentirse amada bajo un simple rayo de Sol.

ts2ukluecve-morgan-sessions.jpg

Anuncios

El Miedo

¿Y si un día se te abre una puerta? Una ventana, una rendija aunque sea…¿y si te digo que un día, si lo buscas deseosamente, lo encuentras?

Cuando logras vencer el miedo suele ocurrir éso muchas veces, que simplemente estás en el lugar y en el momento adecuados, completamente abierta en canal para recibir una experiencia de Amor, de Fe, energética, divina, de sincronicidad, de felicidad, gozo y placer, Magia… Llámale cómo quieras, hazte dueña de tu propio credo, date tu propia explicación o mejor aún, no te la des y simplemente vive la experiencia. Cuando estás en ese lugar y momento adecuado, simplemente eres.
Y cuando eres, lo sabes, te sabes parte del todo, lo sientes, se percibe alrededor, en la luz, las formas y además te vibra el cuerpo, se te eriza la piel, sientes que creces: a lo largo, a lo ancho, a lo grande y te expandes, y sólo sabes dar gracias por el regalo de la experiencia de la felicidad suprema porque comprendes sin juicios.
unnamed
Hay algo que nos resuena dentro, desde niñas y que muchas veces optamos por abandonar, con suerte por un tiempo, a veces se nos olvida hasta el último día pero ahí, siempre vuelve.
Somos especiales, es ese algo de que somos algo más, y aunque a veces anhelamos la tranquilidad de cuando no estábamos buscando: “¡A la mierda la espiritualidad, yo era más feliz en la ignorancia!”, lo que en realidad sucede es que seguimos acercándonos a ello con miedo.
Cuando nos encerramos, ya sea física o psicológicamente, cuando decidimos no salir de casa, no “mezclarnos” con el resto, no vivir el intercambio en las relaciones, no amar, no estar, lo que tenemos es miedo al gozo, a las buenas experiencias, pues ya no tendremos excusas tras las que escondernos. Tenemos miedo a vivir. Al pasar por sucesos traumáticos o situaciones de violencia, nos sentimos morir un poco, en el sufrir hay un pequeña experiencia asociada a la Muerte, que a la vez nos acerca a una extraña sensación de apertura, de transformación, pero el dolor y la aflicción hace que perdamos la Fe en el resto, perdemos las ganas de intentarlo de nuevo, nos sabemos vulnerables y entramos en la rueda destructiva.
La introspección es buena. La catarsis, parar un tiempo, ir a la cueva a lamernos las heridas, hacer un retiro de meditación, pedirte la baja y quedarte en casa (vuelve a llamarlo como quieras), reposar, sanarnos, bajar a las profundidades de una misma… pero si nos quedamos pendulando ahí por mucho, empezamos a marchitarnos, nos perdemos la Vida, la dejamos escurrir entre los dedos, entre las grietas del tiempo que parece avanzar más rápido en ese estado, día a día, Sol a Sol, Luna a Luna.
Entonces la espiral de la Vida se vueve asfixiante y no nos expande sino que nos ahoga: no salgo, no voy, no puedo, no me atrevo, ¿y si me hacen daño?, ¿y si lo hago mal? ¿y si no me gusta? Y entonces hay una presión que nos ahoga, en el pecho, en la garganta, en el corazón… Ansiedad por darse cuenta de que no podemos controlar los sucesos de la Vida y sólo hay algo que podamos hacer, aceptar la experiencia de vivir.
Bueno, hay dos: la reclusión total, pero… ¿estás dispuesta a ello?
0lu4vo5ifpm-greg-rakozy.jpg
No todas llegan a sentirlo, pero sí todas lo buscamos, y en esa búsqueda siempre, siempre, suceden cosas maravillosas. Tenemos más capacidades de las que utilizamos, nos negamos las cosas más simples porque, bueno, creemos que no nos lo merecemos (ya no importa si alguien te lo dijo durante veinte años cien veces al día, lo que importa es que te lo creíste y ahora es responsabilidad tuya). “Me gustaría pintar, bailar, cantar bien alto, jugar al ajedrez, coser, bañarme de noche en el mar…” Nos negamos el atrevernos porque sabemos en el fondo, que hay algo maravilloso aguardando y eso, también da miedo: ¿qué soy merecedora de algo maravilloso? ¿Yo?
Nos negamos la intuición, las sincronicidades, los maravillosos regalos del Universo, las experiencias místicas (vuelve a llamarle cómo quieras, para mí, todas son los mismo), negamos las experiencias de las cuales las explicaciones no están a nuestro alcance porque tenemos miedo a descubrir algo tan grande y sencillo como que la llave para abrir esa puerta, ventana o rendija, está en nuestro interior.
Por eso los partos son tan duros (entre otras cosas que no entraremos a debatir ahora, pero por ésto también), porque cuesta entregarse sin medida, porque no estamos acostumbradas a confiar en un entorno que nos ha sido hostil desde la infancia… En un parto se nos abren los Mundos, creemos morir porque no estamos acostumbradas a los trances, a la apertura energética, nos venimos negando la experiencia del gozo, hemos sido reprimidas durante siglos. Y en realidad sí morimos, debemos morir para transformarnos en otra mujer, en la mujer que vendrá de vuelta del gran viaje con una nueva Alma entre sus brazos y habiendo pasado por una completa metamorfosis pero, “¿qué dirán si me muevo?, ¿qué pensarán si chillo?, ¿y si canto?, ¿si río o lloro? ¿qué pensarán si dejo salir el alarido que me está partiendo el Alma?” Todo eso pasa por nuestras cabezas durante un parto, y muchas más cosas, la soledad, la vergüenza del propio cuerpo, la negación de nuestras capacidades… No nos dejan ser y nos nos dejamos ser.
¿Cómo son tus orgasmos? Sé honesta contigo, la respuesta es para tí, haz conexiones y contéstate a tí misma
Sí somos, sí sabemos. Sí, sólo que hace falta traspasar el umbral del miedo, el que nos niega el extásis de amarnos a nosotras mismas sin medida y dar gracias esa Fuente maravillosa suprema de prácticas de Conocimiento.
Los animales son, ni se lo plantean. Tienen hambre, comen; tienen sed, beben; tienen que parir, paren; tienen que morir, mueren. Y se entregan a cada experiencia.
Sí, porque nos negamos a morir, y no, no se trata de una apología de la Muerte, sino de aceptarla como condición para disfrutar del regalo de la Vida. Ahí residen todos nuestros miedos, el miedo al vacío, el miedo a no saber qué, el miedo, el miedo, el miedo… El miedo a la Muerte, el que los engloba a todos porque arrastramos la creencia del Tiempo linial, del principio y el fin.
Abrirse a la espiritualidad, es abrirse a caminos más amplios, a la tranquilidad del Alma, al sosiego, a templar nuestro corazón cuando sienta frío, a sentirse amado por derecho, no por necesidad ni por soberbia.
No podemos apresurar la Vida de la misma manera en que no podemos detenerla o retrasarla, sólo podemos fluir con Ella. Aceptar el PANTA REI.

Busca la Magia, el gozo, el placer, a Dios,
la Pachamama, el éxtasis, la vibración, las buenas energías…
Busca, busca, busca..
Y encuentra lo que para tí sea.
No vuelvas a dormirte…
Todo se transforma, todo fluye;
que nada te turbe, regresa a tí siempre, a tu hogar interior;
experimienta, aprende, observa
y haz con todo una gran bola de Luz que te acompañe
y te haga sonreír en cada brisa que te erice la piel.
Escucha los susurros de otras vidas.
Descubre las Almas reencontradas…

Somos eternas, ésa es la llave.